Por fin me daré la libertad
de escribir como quiero,
todo lo que quiero y cuanto quiero
...sobre que? ...sobre todo.
un poco raro,extraño ...
un poco ambiguo y a la vez claro
tanto que decir y callar
tanto que reír y llorar...
tanto amor conclusión final.
Resumen del año?
preferiría llamarle tiempo
este año se me hizo eterno
fue largo,fue mas que un tiempo.
me pasaron cosas como a cualquiera,cosas normales
cosas que le pudieron pasar tanto al que lee,
como al que escribe
y también como que nunca leyó esto
gente que llego y gente que se fue
cosas buenas que pasan y también malas
nada absolutamente fuera de lo normal
gente que voló alto en el camino
Lecciones aprendidas
madurar al final
todos un poco mas grande
el tiempo sigue pasando,la vida se va igual
no me interesa mirar pa' atrás
quizás tenga muchas cosas en comunes con el resto
quizás mirar pa' atrás solo me estanque y no deje avanzar
quizás el 2013 ,fue igual que el 2012 y otros
la diferencia la hace uno....
no fue todo lindo color de rosas
pero supongo que pinchándose con las espinas
uno aprende a tomar las flores ,a oler las rosas
a regalarlas y a cuidar tanta cosa hermosa
no fue todo tranquilo
supongo que aveces quedándose tranquilo
uno aprende mas a escuchar y no ser tan hiperactivo
a poner atencion lo que pasa alrededor
no centrarse en uno a observar lo introvertido
Mi conclusión mi tema final...
Este año ,fue largo
desde el desamor,al amor
viajar haciendo lo que me gusta
nuevas pasiones,madures y otras cosas
quizás esta terminando igual como comenzó el otro
pero como dije el cambio lo hago yo
el prox año no sera igual,porque uno hace la diferencia
total un año no es mas un periodo de vida
en donde cambias las estaciones del año
en donde pasan los días,las horas
en donde pasa una vida
Pasen cosas buenas o malas,todo ayuda a bien
todo ayuda a crecer a madurar
problema es el que te estanca ,no deja avanzar
A mis 20 años ,considero que estoy en la flor de la vida
en donde no soy ni viejo ,ni joven
puedo hace cualquier cosa que quiera sin mayor problema
considero que todo lo que he vivido me ha llevado a ser quien soy
sin necesidad de querer buscarlo o necesitarlo
a diferenciarme del resto....
cada vez crece mas barba en mi cara
y me nos pelo en cabeza...
así es la vida para los hombres, para mi
la guata cervecera y los completos hacen su efecto
en mi cuerpo que alguna vez estuvo perfecto
las caídas ,las heridas dejan su huella
su dolor ,marcas de guerra,sellos y estrellas
al final todo se sana se cura y las huellas desaparecen.
Cielos azules,despejados,nublados,lluviosos...
climas secos,playeros y también friolentos
todos vivimos algo parecido
algo que llamamos camino,destino...
Cada cual lo vive como quiere,como lo desee
la vida es larga es una ,aprovéchela
deje de juzgar ,comienza amar
dejar de rabiar y a reír mas
abrazar,hablar con la gente extraña
viva por algo que entrega a los demás...
Nunca deje de soñar
sea vivito comience a disfrutar en vez de a llorar.
Que pase el vino,la cerveza,el ron
pa' el 18 los terremotos o el festival del folclor
este verano con un melón con vino
un tropical o algo bien helado
da lo mismo! ...la celebración comienza!
sobran los amigos,los familiares y vecinos
que venga el carrete y los demases
el fin de año ,comienza justo al principio!


Los Wemmicks eran gente pequeña, hechas de madera. Todos estaban tallados por un artesano llamado Elí. Su taller formaba parte de una colina con vista a la villa. Cada wemmick era diferente. Unos tenían grandes narices, otros grandes ojos. Algunos eran altos y otros bajitos. Algunos usaban sombreros, otros abrigos.
Pero todos eran construidos por el mismo artesano y vivían en una preciosa villa.
Todos los días, cada día, los wemmicks realizaban la misma tarea: se regalaban etiquetas unos a otros. Cada wemmick tenía una caja de etiquetas de estrellas doradas y una caja de etiquetas de puntos grises.
Al subir y bajar por las calles de la preciosa villa, la gente empleaba su tiempo en pegarse etiquetas de doradas estrellas o de puntos grises, unos a otros.
Los más hermosos, aquellos construidos con madera pulida y hermosos colores, siempre obtenían estrellas. Pero si la madera estaba áspera o la pintura despegada, los wemmick pegaban etiquetas grises sobre ellas.
También los talentosos obtenían estrellas. Algunos podías levantar grandes garrotes sobre sus cabezas o saltar sobre cajas altísimas. Otros sabían decir bellas palabras o podían cantar canciones hermosas.
Todo el mundo les otorgaba estrellas. Algunos estaban totalmente cubiertos de estrellas. Cada vez que ellos obtenían una estrella, ¡Los hacía sentirse tan bien! Esto los estimulaba a querer hacer algo más para alcanzar otra estrella.
Sin embargo, otros, hacían algunas cosas que a los demás no les agradaba, y obtenían puntos grises.
Ponchinelo era uno de esos. Él trataba de saltar como los demás, pero siempre caía. Cuando caía, los demás hacían una rueda alrededor de él y le daban puntos grises.
Algunas veces al caerse, su madera se raspaba, así que sus vecinos le daban más puntos grises. Entonces, cuando trataba de explicar la causa de su caída, de sus labios salía alguna tontería y los wemmicks le daban más puntos grises.
Después de un tiempo. Ponchinelo tuvo tantos puntos grises feos que no quería salir a la calle. Tenía mucho miedo de hacer algo estúpido como olvidar su sombrero o caminar en el agua, y que la gente le volviera a dar otro punto. La verdad es que tenía tal cantidad de puntos grises
sobre él, que cualquiera se le acercaba y le añadía uno más sólo por gusto.
“Él merece montones de puntos”, comentaban la gente de madera, de acuerdo unos con otros. “Él no es buena persona de madera”, decían.
Después de un tiempo, Ponchinelo creyó lo que decían sus vecinos. “Yo no soy un buen wemmick”, decía. En poco tiempo, él salió a la calle y empezó a relacionarse con otros wemmicks que tenían un montón de puntos grises. Él se sintió mejor entre ellos.
Un día, él se encontró una wemmick que era diferente a cualquiera de las que siempre había conocido. No tenía puntos ni estrellas. Era puramente madera. Se llamaba Lucía. Esto no se debía a que sus vecinos no trataban de pegarle sus correspondientes etiquetas; sino a que las etiquetas no se pegaban a su madera.
Algunos wemmicks admiraban a Lucía por no tener puntos, de modo que corrían hacia ella y le daban una estrella. Pero la etiqueta no se pegaba. Otros no la tenían en cuenta al ver que ella no tenía estrellas, y le daban un punto. Pero tanto la estrella como el punto se despegaban.
“Yo quiero ser de esa madera”, pensó Ponchinelo. “No quiero marcas de nadie”. Así que le preguntó a la wemmick que no tenía etiquetas cómo ella había podido lograr tal cosa.
-“Es muy fácil”, le contestó Lucía. “Todos los días voy a ver a Elí”.
-¿Elí?, preguntó Ponchinelo.
-“Sí, Elí. El artesano. Y me siento en el taller con él”.
-¿Por qué?, preguntó Ponchinelo.
–“Por qué no lo averiguas por ti mismo? Sube a la colina. Él está ahí” Y dicho esto la wemmick que no tenía etiquetas ni puntos dio la vuelta y se alejó dando salticos.
-“Pero, ¿querrá el artesano verme a mí?, le gritó Ponchinelo. Lucía no lo oyó.
Así que, Ponchinelo, regresó a casa. Se sentó cerca de la ventana y se puso a observar a la gente de madera cómo corrían de aquí para allá dándose estrellas o puntos unos a otros. - “Eso no es justo”, refunfuñó.
Y decidió ir a ver a Elí.
Él se acercó al estrecho camino que iba a la cima de la colina y fue en dirección del taller grande. Al entrar allí, sus ojos se abrieron desmesuradamente ante las cosas que veía. El taburete era tan alto como él mismo. Tuvo que estirarse sobre la punta de sus pies para mirar la altura de la mesa de trabajo. Un martillo era tan largo como su brazo.
Ponchinelo tragó saliva. “¡No voy a quedarme aquí!”, y se dio vuelta para salir.
Entonces oyó su nombre. -“¿Ponchinelo?”. La voz era fuerte y profunda.
Ponchinelo se detuvo. –“¡Ponchinelo! ¡Qué bueno que has venido! Ven y déjame mirarte”.
Ponchinelo se volvió lentamente y vio la gran barba del artesano.
-¿Tú sabes mi nombre?”, preguntó el wemmick.
– “Por supuesto que lo sé. Yo te hice a ti”.
Elí se inclinó, recogió del suelo a Ponchinelo y lo colocó sobre la mesa de trabajo. “Hum”, dijo el artesano pensativamente mientras miraba los puntos grises.
-“Parece que has recibido marcas malas”.
– “No significa eso, de verdad, yo me esforcé mucho por no recibirlas, Elí”.
– “Oh, no tienes que defender tus acciones ante mí, muchacho. Yo no me preocupo por lo que los demás wemmick piensan”.
-“¿No te importa?”
– “No, y tú no deberías hacerlo tampoco. ¿Quiénes son ellos para dar estrellas o puntos? Son wemmick exactamente como tú. Lo que ellos piensan no importa, Ponchinelo. Lo único importante es lo que yo pienso.
Y yo pienso que tú eres muy especial”.
Ponchinelo sonrió. - “¿Especial, yo? ¿Por qué? No puedo caminar aprisa.
No puedo saltar. Mi pintura está descolorida. ¿Por qué soy importante para ti?”
Elí contempló a Ponchinelo, puso sus manos sobre sus hombros y le dijo:
-“Porque eres mío”. Esa es la razón de que seas importante para mí”.
Ponchinelo nunca había tenido a alguien que lo viera de esa forma, mucho menos su creador. No sabía qué responder.
- “Cada día he estado esperando que tu vinieras”, explicó Elí.
- “Vine porque me encontré con alguien que no tenía marcas”, dijo Ponchinelo.
- “Lo sé. Ella me habló de ti”
-“Por qué las etiquetas no se pegan sobre ella?”
-“Porque ella decidió que lo que Yo pienso es más importante que lo que ellos piensan. Las etiquetas únicamente se pegan si tú permites que lo hagan”.
-“¿Qué?”
-“Las etiquetas sólo se pegan si son importantes para ti. Lo más importante es que confíes en mi amor, y dejes de preocuparte por sus etiquetas”.
-“No estoy seguro de haber comprendido”.
Elí sonrió. -“Lo vas a intentar: pero esto tomará tiempo. Tienes demasiadas marcas. Por ahora, sólo ven a verme todos los días y déjame recordarte cuanto te amo”.
Elí levantó a Ponchinelo de la mesa y lo puso en el suelo. Y cuando el wemmick salía por la puerta, le dijo:
-“Recuerda, tú eres especial porque yo te hice, y yo no cometo errores”.
Ponchinelo no se detuvo, pero en su corazón pensaba: “Eso explica por qué soy especial ante sus ojos”. Y al comprenderlo al fin, un feo punto gris cayó sobre la tierra.
[Max Lucado]
Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: No sabía quién era.
- “Lo que te falta es concentración", le decía el manzano. "Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. ¿Ves qué fácil es?”
- “No lo escuches", exigía el rosal, "es más sencillo tener rosas y ¿ves qué bellas son?”
Y el árbol desesperado intentaba todo lo que le sugerían y, como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:
- “No te preocupes, tu problema no es tan grave. Es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: no dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas... sé tú mismo, conócete y, para lograrlo, escucha tu voz interior.” Y, dicho esto, el búho desapareció.
- “¿Mi voz interior...? ¿Ser yo mismo...? ¿Conocerme...?”, se preguntaba el árbol desesperado, cuando, de pronto, comprendió...
Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:
- “Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje... Tienes una misión: cúmplela.”
Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado.
Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.
"A los locos.
A los que no encajan.
A los rebeldes.
A los buscadores de problemas.
A los 4 ojos.
A los que ven las cosas de manera diferente.
A los que no siguen las reglas.
A los que no respetan el status quo.
Puedes humillarlos, no estar de acuerdo con ellos, hasta despedirlos pero lo único que no puedes hacer es ignorarlos porque cambian las cosas, impulsan hacia adelante la raza humana.
Aunque para algunos pueden ser locos, para nosotros son una suerte.
Porque la gente que esta lo suficientemente loca para pensar que puede cambiar el mundo, son el futuro. " [Steve Jobs]